miércoles, 11 de febrero de 2015

Instituciones durante el Romanticismo

México

El Liceo Hidalgo fue una importante asociación literaria mexicana del siglo XIX, la más representativa del romanticismo. Se fundó en 1849 y sesionó hasta 1893, cuando desapareció debido a las circunstancias políticas.
En vísperas de la Guerra de Reforma, en julio de 1850, se fundó el Liceo Hidalgo, agrupación cuyo principal impulsor fue Francisco Zarco. En 1856 se disolvió la conocida Academia de Letrán y los escritores que se congregaban en aquella pasaron a este grupo literario que sesionaba los domingos y días festivos.
MIEMBROS
  • Ignacio Manuel Altamirano
  • Manuel María Flores
  • Francisco Zarco
  • José Tomás de Cuéllar
  • Francisco González Bocanegra
  • Fernando Orozco y Berra
  • José María Tornel
  • Francisco Granados Maldonado
  • Concepción Piña
  • Laureana Wright de Kleinhans

Academia de Letran

En 1836 se fundó la Academia de Letrán, la primera asociación literaria de importancia en el México independiente. Desde su inicio tuvo como finalidad la de impulsar una literatura que fuera expresión de lo nacional. En ese proyecto participó la primera generación romántica: Andrés Quintana Roo, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, Ignacio Rodríguez Galván, Fernando Calderón, José María La fragua, Manuel Payno, José y Juan Nepomuceno Lacunza, Fernando Calderón.

Alemania


El Romanticismo alemán se agrupa a comienzos del siglo XIX en tres escuelas: la de Jena, la de Heidelberg-Berlín y la de Stuttgart. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de este movimiento son las individualidades y entre ellas hay que destacar a los hermanos August y Friedrich Schlegel, a F. L. Novalis, a K. M. Brentano y a J. von Eichendorff.


España

El pensamiento y la literatura gozó de gran prestigio social durante el romanticismo. A ello contribuyeron en Madrid dos instituciones creadas por entonces: el Ateneo (1835) y el Liceo (1837). Ambos centros culturales difundieron las más novedosas ideas y fueron ejemplo de tolerancia ideológica.
    Las disputas entre clásicos y románticos se agudizaron a partir de 1833. En 1834, además del estreno de Macías, de Larra, y de La conjuración de Venecia de Martínez de la Rosa, el Duque de Rivas publicó El moro expósito con un prólogo de Alcalá Galiano que pasa por ser un manifiesto romántico.
    El estreno de Don Álvaro en 1835 desató una enconada reacción por parte de los clasicistas, que atacaron la obra. Los románticos contaban con una revista militante fundada en 1835, El Artista, desde la que defendieron el teatro romántico y atacaron a los clasicistas. Espronceda publicó en él su celebrada sátira "El pastor clasiquino". 

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